Un tercio de las empresas dejó de comprar software porque lo construyó con IA. Es el dato más disruptivo del año.
La encuesta global State of AI 2026 de McKinsey muestra que el 32 % de las organizaciones decidió no comprar al menos un producto de software porque pudo construirlo internamente con herramientas de programación con IA. Lo que eso cambia para quien compra y para quien vende.

Cada año McKinsey publica su encuesta global sobre el estado de la inteligencia artificial en las empresas. La edición 2026, The State of AI, recogió 1.719 respuestas en 97 países entre el 4 de mayo y el 8 de junio de 2026. Trae muchos datos, pero uno destaca por encima del resto:
El 32 % de las organizaciones decidió no comprar uno o más productos o funcionalidades de software porque pudo construirlos internamente con herramientas de programación con IA (lo que la industria llama agentic coding).
Un tercio. No de startups tecnológicas: de empresas de todos los sectores y tamaños.
Qué significa "construirlo"
Durante décadas, la decisión "comprar o construir" tuvo una respuesta casi automática para la mayoría de las empresas: comprar. Construir software requería equipos, tiempo y mantenimiento que solo las grandes compañías tecnológicas podían permitirse.
Lo que la encuesta detecta es que esa ecuación se rompió. Con herramientas de IA que escriben, prueban y mantienen código a partir de instrucciones en lenguaje natural, un equipo pequeño —o una sola persona con criterio— puede producir en días una herramienta interna que antes se compraba por suscripción: un panel de seguimiento, un flujo de aprobaciones, una integración entre dos sistemas, un portal para clientes.
Los otros datos del estudio
El mismo informe, recogido también por Yahoo Finance, completa el cuadro de la etapa "agéntica":
- el 62 % de las organizaciones está experimentando con agentes de IA;
- el 23 % los está escalando en al menos una función del negocio;
- entre las grandes empresas, la proporción que escala agentes pasó del 27 % al 40 % en un año.
Es decir: la mayoría prueba, una minoría escala, y la minoría que escala crece rápido.
Qué cambia para quien compra tecnología
Si diriges una empresa mediana en Chile, este dato tiene consecuencias concretas.
1. La pregunta ante cada suscripción cambia
Antes de renovar una herramienta, cabe preguntar: ¿qué parte de esto usamos de verdad, y qué costaría construir solo esa parte, a medida, con nuestros datos? En muchos casos la respuesta sigue siendo "comprar". Pero ya no es automática.
2. Los sistemas a medida vuelven a ser posibles
Durante años, "a medida" fue sinónimo de caro y lento. Con IA, una herramienta interna que encaje exactamente en cómo trabaja tu equipo —en vez de obligar al equipo a encajar en el software— está al alcance de empresas que jamás tuvieron un área de desarrollo.
3. Aparece un riesgo nuevo
Lo que se construye hay que mantenerlo, asegurarlo y documentarlo. Una empresa con veinte herramientas internas hechas por distintas personas, sin criterio común, tiene un problema que antes no tenía. Construir con IA exige gobernanza: quién decide qué se construye, sobre qué datos, con qué estándares y quién responde.
Qué cambia para quien vende software
Es la otra cara del dato, y afecta a muchas empresas chilenas: si tu producto es una herramienta genérica que un cliente puede describir en un párrafo, un tercio de tus prospectos ya está considerando hacerla en casa. Lo que resiste es lo que no se puede describir en un párrafo: datos propios, integraciones profundas, cumplimiento, soporte real y conocimiento del sector.
El valor ya no está en tener el software. Está en saber qué software necesita tu empresa, construirlo alrededor de cómo trabaja y gobernarlo bien.
Esa es la razón por la que en RIIA Business hablamos de implementación y no de compra: la pregunta ya no es qué herramienta adquirir, sino qué sistema diseñar.


